Septiembre 6 Cinema Satania
El Secreto de sus ojos
El secreto de sus ojos es una película argentina de drama y suspenso de 2009 dirigida por Juan José Campanella, basada en la novela La pregunta de sus ojos de Eduardo Sacheri, quien coescribió el guion junto a Campanella. Es protagonizada por Ricardo Darín y Soledad Villamil. Coprotagonizada por Pablo Rago, Javier Godino, Mario Alarcón y Mariano Argento. También, contó con las actuaciones especiales de Guillermo Francella y José Luis Gioia. La película se centra en la relación entre el perito Benjamín Espósito (Darín) y la jueza Irene Hastings (Villamil) y su investigación sobre un caso de asesinato en la Argentina de los años setenta.
La película, una coproducción realizada con capital local y de España, logró ser la película argentina de mayor éxito de 2009 y una de las más taquilleras de la historia del cine argentino, con más de dos millones y medio de espectadores. En 2010 se convirtió en la segunda película argentina en ganar el Óscar a la mejor película extranjera, después de La historia oficial (1985).
En 1999, Benjamín Espósito (Ricardo Darín), un agente judicial retirado, decide escribir una novela acerca de un asesinato ocurrido en 1974, en cuya investigación se había involucrado. A continuación ocurre un flashback: en junio de 1974, Benjamín Espósito empieza a investigar el crimen de una joven, Liliana Colotto de Morales (Carla Quevedo), brutalmente violada y asesinada dentro de su casa en un barrio de la ciudad de Buenos Aires. Su esposo, ahora viudo, Ricardo Morales (Pablo Rago), queda destrozado por la tragedia; Espósito le promete encontrar al asesino y llevarlo ante la justicia. Este es ayudado por su asistente, Pablo Sandoval (Guillermo Francella), un hombre capaz pero con problemas con el alcohol; y la nueva jefa del departamento Irene Menéndez-Hastings (Soledad Villamil), una joven de origen acomodado, por la que mantiene cierto interés. El rival de Espósito en el tribunal es el oficial corrupto Romano, quien acusa a dos humildes trabajadores para deshacerse del asunto lo más rápido posible; Espósito tras descubrir que ambos habían sido torturados para que se declararan culpables, lo increpa en los pasillos del propio juzgado.
Pronto, Espósito encuentra una pista al mirar unas viejas fotos de la joven asesinada, que le fueron dadas por Morales: en muchas de las fotos encuentra a un hombre, identificado como Isidoro Gómez (Javier Godino), que miraba a la víctima fijamente y de forma sospechosa. Espósito investiga a Gómez, y determina que vive y trabaja en la ciudad de Buenos Aires, pero no logra localizarlo. Espósito y Sandoval entran ilegalmente en la casa de la madre de Gómez en Chivilcoy, ciudad donde no solo nació él, sino también la víctima, Liliana Colotto. Durante el allanamiento encuentran unas cartas que el sospechoso le escribió a su madre. Sandoval las roba, y Espósito se entera cuando van de regreso. De vuelta a la Capital Federal, la «visita» solo les causa problemas con sus superiores (pues entre los jueces se pasan información e identifican a Espósito y Sandoval), aún así no logran conseguir ninguna evidencia en las cartas. Además, Gómez sigue en libertad debido a una descuidada llamada telefónica a su madre por parte de Morales, quien desesperadamente quería encontrar al asesino de su esposa. Tras estos sucesos, la investigación del homicidio de la joven es cerrada.
Tiempo después, en 1975, Espósito se encuentra a Morales en una estación de trenes en Retiro y descubre que durante todo un año Morales había estado yendo a distintas estaciones de tren en Capital Federal para tratar de encontrar a Gómez cuando este vuelve del trabajo. Conmovido por la determinación de Morales y el amor de este por su difunta mujer, Espósito logra convencer a Irene de que reabra la investigación. Mientras, emborrachándose en un bar, Sandoval hace un descubrimiento: un conocido suyo del bar, al cual presenta ante Benjamín como un «Escribano fanático de la Academia«, identifica varios nombres mencionados en las cartas –sin conexión aparente– como jugadores de fútbol pertenecientes a Racing Club de Avellaneda. Después de identificar a Gómez como un hincha fanático de ese equipo, y de convencer a Espósito de que ‘un hombre no puede cambiar de pasión’, ambos asisten a los partidos del club con la esperanza de encontrarlo.
Luego de haber asistido a 4 encuentros, Espósito y Sandoval localizan a Gómez entre la multitud en un partido entre Huracán y Racing Club disputado en el Estadio Tomás Adolfo Ducó. Sin embargo, justo en ese momento un gol repentino de Hugo Gottardi para el equipo de Avellaneda causa el tumulto suficiente para que Gómez huya. Comienza una persecución en la que Gómez golpea a ambos y casi escapa, pero es finalmente atrapado gracias a la asistencia de la Policía cuando, en la persecución, ingresa accidentalmente a la cancha, choca contra un jugador de Racing y cae al piso. Espósito e Irene entonces lo someten a un interrogatorio falso e ilegal en la oficina, en la que Irene logra que Gómez confiese el crimen tras herir su orgullo masculino. Gómez es juzgado y condenado, pero apenas un mes después Romano, el rival de Espósito, logra que liberen al asesino y lo contrata como sicario de la facción de derecha del Partido Justicialista para vengarse de Espósito. Espósito e Irene tratan de revertir esto, pero la intervención de Romano no se lo permite. A Espósito le toca la dura tarea de informar a Morales que el asesino de su mujer seguirá libre, dato que deja al hombre destruido.
Semanas después, Sandoval se emborracha y se pelea con otro hombre (el mismo al que presenta ante Benjamín como «El escribano», que les ayuda a resolver el enigma de las cartas de Gómez) en el bar que frecuenta y Espósito lo lleva hasta su propio apartamento, mientras va a buscar a la esposa de Sandoval. Cuando Espósito vuelve al apartamento con ella, encuentra la puerta forzada, sus fotos dadas vuelta y a Sandoval tiroteado y muerto en su cuarto. Espósito después concluye que Romano mandó asesinos a sueldo para tratar de matarlo y que, al encontrar a Sandoval, este dio la vuelta a las fotos y fingió ser Espósito para salvar a su amigo. Temiendo por su vida, Espósito es forzado a exiliarse a Jujuy con los primos de Irene para evitar a los asesinos de Romano. Espósito se va de la ciudad y reside en Jujuy durante diez años, hasta volver a Buenos Aires en 1985 para encontrar a Gómez desaparecido, a Romano asesinado durante la dictadura de 1976 y a Irene casada y con dos hijos.
Regresando a 1999 (año en el que está contada la historia) y tratando de encontrarle sentido al caso, Espósito va a visitar a Morales, que se mudó en 1975 a una casa aislada en las afueras de la Provincia de Buenos Aires. Durante la visita, ambos discuten varios de los eventos que ocurrieron durante y después del caso, pero Morales se descontrola después de que Espósito le preguntara cómo hizo para sobrellevar la terrible muerte de su mujer, y más aún la injusticia con la que finalizó su causa. Morales le cuenta a Espósito que él ya se había encargado de secuestrar a Gómez y de tirotearlo en el maletero de su coche. Siendo así, Espósito se retira. Pero tras una profunda reflexión, guiada por recuerdos, detiene el coche y se dirige de regreso a la casa de Morales. Espósito comprendía el afán que tenía Morales por que Gómez sufriera una estancia eterna en prisión, y no se salvara instantáneamente con la muerte. Así llegó a la conclusión de que era imposible que el damnificado le «hubiera dado el gusto» a su agresor.
Tras esperar hasta el anochecer, encuentra a Morales entrando en un pequeño granero con un plato de pequeños trozos de pan. Espósito avanza y mira por detrás de la puerta: Morales lleva ese plato a una celda de cuya oscuridad sale un hombre decrépito, quien resulta ser –viejo y maltrecho– el asesino Gómez, a quien Morales ha mantenido preso y alimentado durante 25 años, durante los cuales ni una sola vez le dijo una sola palabra. Gómez, dentro de su celda, se sorprende al ver a Espósito, dejando caer su bandeja y luego se aproxima a él, rogándole que le pida a Morales «que aunque sea le hable». Morales, con seriedad, se limita a decirle a Espósito: «Usted dijo perpetua«, en referencia a la promesa de encarcelarlo que el último le había hecho. Luego de esto, Espósito se retira.
De vuelta a Capital Federal, Espósito visita por primera vez la tumba de Sandoval, avergonzándose de nunca haberlo hecho. Después se dirige al despacho de Irene, dispuesto a confesarle su amor, cosa que ella siempre había esperado de él. Sonrientes y expectantes, se quedan juntos en la oficina y cierran la puerta.
