El regreso de Ulises a la patria (título original en italianoIl ritorno d’Ulisse in patria) es una ópera (dramma per musica) en un prólogo y cinco actos (más tarde revisada para tres), con música de Claudio Monteverdi y libreto en italiano de Giacomo Badoaro, basado en la parte final de la Odisea de Homero. Se estrenó en febrero de 1640 en el Teatro San Cassiano de Venecia. En España no se estrenó hasta el 2008, el 4 de diciembre, en el Teatre Municipal de Gerona, en una versión escenificada para títeres; en el Teatro Real de Madrid, se estrenó el 17 de abril del 2009, con William Christie dirigiendo a Les Arts Florissants, y con Pier Luigi Pizzi como director de escena.

Se clasifica dentro de la escuela veneciana de ópera del siglo XVII, con sus rasgos típicos de preeminencia de los solistas y práctica inexistencia del coro. Es una de las tres óperas que se conservan del autor. Los momentos líricos, como el lamento de Penélope, sola y desolada, han inspirado a Monteverdi sus más bellas páginas.

Il Ritorno d’Ulisse in patria introduce a Monteverdi en una forma radicalmente nueva de entender la ópera. Se trata de un espectáculo público y comercial vinculado a la República de Venecia que, a diferencia del exclusivo y lujoso mecenazgo aristocrático al que pertenece L’Orfeo (1607), obliga a algunas limitaciones vocales e instrumentales, aunque facilita un equilibrio ideal en el manejo de los afectos; se combina aquí el estilo recitativo de la ópera cortesana con formas más sensuales y ligeras, inspiradas en las ariette de los cancioneros para retratar a los personajes.

El libreto de Badoaro, basado en los Cantos XIII a XXIII de la Odisea homérica, narra las peripecias de Ulises tras su llegada a Ítaca, después de veinte años de viaje intentando regresar desde la guerra de Troya. Ayudado por la diosa Minerva, Ulises conseguirá recuperar a su hijo Telémaco, vengarse de los pretendientes de su fiel y paciente esposa Penélope y ser reconocido por ella. La ópera incluye además numerosos personajes menores, en su mayoría dioses y sirvientes, entre los que destaca el peculiar Iro, el primer papel cómico importante de la historia de la ópera.

En 1640 Monteverdi se introdujo en la escena operística veneciana. L’Arianna se repuso ese año, y se produjeron dos nuevas óperas basadas en la épica griega y latina: Il ritorno d’Ulisse in patria (1640, que ha sobrevivido en una versión incompleta) y Le nozze d’Enea e Lavinia (1641, perdida). Hay ciertos problemas de atribución con Il ritorno d’Ulisse, pero nadie duda de que la concepción original de la obra es de Monteverdi. Ellen Rosand,16​ en su monografía Monteverdi’s Last Operas. A Venetian Trilogy (University of California Press), ha demostrado de qué forma Il ritornoLe nozze y L’Incoronazione constituyen las tres partes de una trilogía; sabemos que el libreto de Il ritorno está basado en la Odisea, mientras que el de Le nozze se basa en la Eneida, cuyo autor, Virgilio, se inspira en la poesía épica de Homero. Por lo tanto, se puede considerar Le nozze como una continuación de lo que se narraba en Il ritorno; además, Michelangelo Torcigliani,17​ autor del libreto de Le nozze, desarrolla el argumento sobre el modelo estructural establecido por Badoaro, el libretista de Il ritornoL’Incoronazione cierra el ciclo, señalando, con su argumento basado en la historia romana, una nueva etapa del mito genealógico de la fundación de Venecia. Por lo tanto, cualquier espectador de la época podría sentirse orgulloso identificando las raíces de la Serenísima República en los mitos griegos y romanos.El regreso de Ulises (Pinturicchio. 1509. Galería Nacional de Londres)

Pero la clave de lectura en Monteverdi se encamina a una visión simbólica a propósito de la injerencia de los dioses en los asuntos humanos; el compositor parece propenso a considerar las figuras divinas (Neptuno, Minerva, Júpiter y Juno) como emblemas de la inutilidad de la acción humana: la racionalidad y la capacidad para elaborar proyectos chocan de forma irremediable contra el Destino, entendido solo como portador de absurdas e inevitables desventuras. Una vez más, como era costumbre, es el Prólogo –que mientras tanto se ha ido haciendo cada vez más elaborado, pasando de un personaje único a cuatro protagonistas, que aquí son la Fragilidad Humana, el Amor, el Tiempo y la Fortuna – el que propone un tema, que será desarrollado y argumentado en el transcurso de la ópera.

En esta obra, como también en L’Incoronazione di Poppea, se invocan de nuevo los ideales técnicos y estéticos de trabajos más tempranos. Sin embargo, la esencia musical de Il ritorno d’Ulisse ya no es el recitativo, como en Orfeo, sino las arias, y no solo por su sentido melódico y por su unidad tonal, sino también por el uso de formas musicales cerradas.

La ópera está gobernada por el requerimiento estético de mostrar grandes emociones de modo sucesivo. No hay ninguna duda, por esta razón, de que Monteverdi anticipó a compositores posteriores haciendo caso omiso de su libretista cuando lo creía conveniente. Por ejemplo, el aria en tiempo ternario de Eumete “O gran figlio d’Ulisse” (II.ii) fue escrito por Badoaro como recitativo en versos de 7 y 11 sílabas, y debe su estilo afectivo de repetición de palabras (anómalo en la obra) al hecho de que Monteverdi ignoró los demandas implícitas en el texto. La escena climácica del segundo acto, en la cual solo Ulises es capaz de tensar el arco, combina la estética manierista con elementos aparentemente incongruentes, similares a los de los trabajos del periodo de Mantua: su estructura incluye una especie de estribillo de rondó (una breve y tonalmente unificada sinfonía instrumental que sigue a cada intento fracasado de los pretendientes), interrumpida en la intervención de Ulises por una sinfonia da guerra en el género concitato18​ (con motivos de fanfarria en sol mayor y rápidas repeticiones de la tónica en el bajo, al estilo del octavo libro de madrigales) que acompañan la entrada de Minerva en escena, acompañada de grandes truenos escénicos.

La ópera tuvo un gran éxito en Venecia, donde tuvo diez representaciones, y después fue llevada al Teatro Castrovillani de Bolonia, y en 1641 fue repuesta en Venecia, algo completamente inusual en aquella época. En Bolonia, y lo más probable es que también en Venecia, los cantantes fueron Giulia Paolelli como Penélope, Maddalena Manelli como Minerva, y Francesco Manelli como Ulises. El libreto que se conserva difiere de la partitura; sin embargo, se sabe que Monteverdi modificaba mucho los textos a los que ponía música.

La primera recuperación moderna de esta obra fue dirigida por Vincent d’Indy en París en 1925. Varios compositores del siglo XX editaron o “tradujeron” esta obra para ser representada, incluidos Luigi Dallapiccola y Hans Werner Henze, y finalmente entró a formar parte del repertorio operístico en 1971 con las representaciones en Viena y Glyndebourne, y una edición de Nikolaus Harnoncourt, junto a las grabaciones.

Esta ópera se representa poco; en las estadísticas de Operabase aparece la n.º 133 de las óperas representadas en 2005-2010, siendo la 45.ª en Italia y la tercera de Monteverdi, con 24 representaciones en el período.